Debe quedar claro que no pretendo hacer proselitismo o escribir una reflexión teológica formal, sino que simplemente tengo el propósito de ilustrar, haciendo una analogía teológica, sobre una metáfora pedagógica, desde mi humilde visión como creyente, donde aquellos interesados en la disciplina laserina, creyentes o no, puedan entender cómo concibo la naturaleza trina de Dios.
Adicionalmente, ha de quedar claro que la Academia de Esgrima Láser no es una entidad religiosa. Mas, en su empeño por adquirir conocimiento, estudia la teología y distintas perspectivas de lo entendido como espiritual como un elemento fundamental de la filosofía formal, clave para entender el conflicto, las relaciones humanas y las motivaciones que han tenido y tienen los hombres para justificar el uso de las armas.
Por ello, voy a partir de los conceptos principales de la retórica aristotélica, sobre los que se sustenta la virtud de la expresión: pathos, ethos y logos, donde cada una de las personas entendidas como divinas por este que escribe encarnará cada uno de estos.
1- Dios crea hablando. Una de las primeras curiosidades que podemos observar en las escrituras es que todo comienza con: “Dios dijo: sea la luz”. (Como en un asalto laserino, donde el comienzo del contacto tiene lugar en el momento en el que las hojas emergen en el alba). Siendo así, podemos decir que el universo nace de unas palabras, de un discurso.
Aristóteles afirma que todo discurso se sostiene en los pilares de:
Ethos: autoridad del que habla.
Pathos: la emoción que mueve y transforma.
Logos: la razón y estructura del mensaje.
Si vemos la figura de la trinidad desde este prisma, tenemos:
El Padre: Que resulta ser la autoridad rectora y el fundamento. (Ethos)
El Hijo: la Palabra eterna, el verbo hecho carne, el dolor y la pasión que emociona. (pathos)
El Espíritu Santo: La esencia misma del mensaje, el ente abstracto que contiene la sustancia elemental, que toca, convence y vivifica. (logos)
Se puede entender así la trinidad como el discurso perfecto de Dios mismo, que convence y hace emerger, siendo tesis primera sobre la que se erige el resto de las cosas.
2- La creación como discurso trinitario. Cuando Dios habla en génesis lo hace como tres personas en armonía, el Padre aporta la autoridad y carácter del acto creador, el hijo es la palabra pronunciada que ordena y estructura la realidad y el Espíritu Santo que infunde vida, movimiento y emoción divina al caos.
La creación entonces surge de un discurso que contiene ethos, pathos y logos en su forma más pura, pues es capaz de operar por agencia de una autoridad, de donde emerge lo sensible y que se enfrenta a la nada, que podría ser entendida como la entropía o el vacío, por medio de la razón divina.
3- Cuando Dios habla en nosotros también crea, pues desde el dogma religioso Él nos hizo a su imagen y semejanza, con lo cual nuestras palabras también tienen poder creador, en lo material.
Generamos atmósferas, construimos, destruimos, herimos, sanamos, ayudamos y ofendemos.
Un discurso sin alguno de los fundamentos de ethos, pathos y logos hace que no funcione completamente, pues queda carente y no resulta tan eficiente como podría resultar. Mas cuando integra la credibilidad de la autoridad, la emoción interior y la razón incontestable, crea.
En conclusión, si imaginamos a Dios como un orador perfecto, su voz no solo suena: establece, enciende y ordena (ethos, pathos y logos) de igual manera cuando el creyente habla desde el Padre, Hijo y Espíritu Santo sus palabras no solo informan, sino que transforman.