Es sabido que la cultura te permite adquirir perspectiva sobre la realidad que nos rodea. Siendo así, ese punto de vista adicional nos facilita la percepción de la naturaleza en unas formas y magnitudes que en ocasiones nos resultan extrañas, dando lugar a que aquello que creemos ser se enfrente a lo que vemos que somos tras adquirir esa información nueva, sobre nosotros o sobre nuestro medio.
Sin embargo, una vez accedes los entresijos de lo que te rodea, tiendes a enamorarte de ello, pues amar es conocer. Por ello mismo, el humano tiende a disfrutar del proceso del aprendizaje, pues nota que adquirir nuevo conocimiento aumenta su potencia de éxito en el futuro, y todo ello por medio de la secreción de dopamina y serotonina, lo que hace que se genere un vínculo y condicionamiento sobre las sensaciones de recoger nuevo saber.
Es por ello crucial que el sujeto armado, así como aquel que esté capacitado o habilitado para hacer uso del arma, disfrute el proceso de aprendizaje, pues de lo contrario estará siempre dispuesto a cambiar su realidad por medio del uso de la fuerza en lugar de admirarla con la mirada curiosa de un infante aprendiz.
De esto es muestra viva el ahora Iniciado Cristian Ortiz Muro, pues se acercó a la Academia desde una lejanía al saber común que resultaba notable para aquel que lo escuchase. Sin embargo, su constante empeño, sus ganas desmesuradas de aprender y el cariño con el que ha escuchado en cada clase, lo ha convertido en un hombre capaz de expresarse con fluidez, articulando ideas complejas y siendo certero en la descripción de aquello que le rodea, tanto como en aquello que reside dentro de sí.
De este modo, ahora, cuando tiene la capacidad para expresarse verbalmente con soltura, también ha adquirido la potencia de abstraer conocimiento de las armas, haciéndole un individuo más capacitado en asalto y, por encima de ello, más hábil para bregar con todo aquello que está antes del uso de la ofensa, quedando habilitado para evitarlo.




